El pan francés original: rebanadas gruesas de brioche de uno o dos días, remojadas en leche con huevo, vainilla y canela, doradas en mantequilla y caramelizadas con azúcar al final. El pan viejo chupa la mezcla sin deshacerse, y el fuego medio-bajo cuaja el centro antes de que se queme la mantequilla.
El sándwich caliente de los cafés de París: pan de caja con jamón cocido y gruyère, dorado en mantequilla y cubierto con bechamel espesa y más queso, gratinado hasta que burbujea. Se dora en el sartén antes del horno para que el pan quede crujiente abajo y no se empape con la bechamel.
La masa francesa de harina, huevo, leche y mantequilla dorada, reposada una hora y cocida en sartén caliente apenas untado. El reposo relaja la masa y el sartén bien caliente la cuaja al instante: salen finas como papel y aguantan la vuelta. Sirven para dulce o para salado.