El pollo frito de los izakaya japoneses: pierna deshuesada con piel, masajeada con soya, jengibre y ajo hasta que absorbe la marinada, empanizada en fécula de papa y frita dos veces. La segunda fritura, a fuego más alto y de un minuto, es la que seca la costra y la deja delgada en vez de gruesa.
El rollo depende del arroz, no del relleno: se lava hasta que el agua sale clara, se cuece tapado sin destapar nunca y se sazona tibio con vinagre mientras se abanica. Cada grano queda suelto y brillante, y el rollo se sostiene al cortarlo.
El muslo de pollo entra al sartén todavía frío, con la piel abajo y con un peso encima: ahí suelta su grasa y la piel queda delgada y crujiente. Al final se glasea con soya, mirin y azúcar hasta que la salsa brilla y se pega. No lleva marinada: el teriyaki es el glaseado, no el remojo.