Harina de arroz hecha en licuadora con arroz blanco lavado y bien seco. Sirve para hot cakes, crepas, capeados y masas sin gluten; sale mucho más barata que la de paquete.
Mantequilla cocida a fuego bajo hasta que se evapora el agua y los sólidos de leche se tuestan color avellana, y luego colada. Sin agua ni sólidos aguanta el fuego alto sin quemarse, y huele a nuez tostada.
Grasa de cerdo derretida a fuego bajo con un chorro de agua hasta que suelta la manteca y quedan los chicharroncitos dorados. Lenta sale blanca y de sabor limpio, la que piden los tamales, los frijoles refritos y las tortillas de harina.
El caldo que se usa como ingrediente, no como sopa: alitas de pollo cocidas dos horas a fuego mínimo con cebolla, zanahoria, apio y laurel. Las alitas dan el colágeno que lo cuaja en el refrigerador, y el fuego que apenas tiembla lo deja transparente.
Una versión rápida de la salsa de pescado: camarón seco tostado, hervido con ajo, colado y reducido con un poco de azúcar mascabado. No es la fermentada de meses, pero da el mismo golpe salado y de mar al pad thai, al curry y al tom yum.
Coco rallado remojado en agua caliente, licuado y exprimido en una manta: la leche de coco que piden el curry verde, el satay y la moqueca. El agua caliente sin hervir y la exprimida a fondo son las que la dejan espesa y con la grasa del coco.
La crema de pistache para untar de Sicilia, hecha en casa: pistache pelado y molido hasta volverse pasta, con chocolate blanco, un poco de aceite y sal. Quitarle la piel después de hervirlo dos minutos es lo que la deja verde y no café.