Leche perfumada con cáscara de limón amarillo y canela, espesada en la estufa con yemas y fécula de maíz, y cubierta con azúcar quemada justo antes de llevarla a la mesa. A diferencia de la crème brûlée, no va al horno ni lleva crema: es más ligera y huele a cítrico.
El pastel de Galicia: almendra molida, huevo, azúcar, ralladura de limón amarillo y un toque de canela, sin harina ni mantequilla. Sale húmeda y densa por dentro con una costra fina, y se decora con la cruz de Santiago en azúcar glass.
Cebolla, pimiento verde y rojo, calabacita italiana y jitomate cocidos en aceite de oliva a fuego lento, cada uno a su turno, hasta que el jitomate se vuelve salsa y envuelve a los demás. Se sirve con un huevo frito de yema líquida encima y pan para mojar.
El «pa amb tomàquet» de Cataluña: pan tostado frotado con ajo y con jitomate muy maduro partido a la mitad, hasta que el migajón se pone rojo, con aceite de oliva y sal en grano. La costra del pan raspa el ajo y se queda con la pulpa; la piel del jitomate se queda en la mano.
Jitomate muy maduro, pepino, pimiento verde, ajo, pan del día anterior, vinagre de jerez y aceite de oliva, licuados y colados. El aceite entra en hilo con la licuadora andando: se emulsiona, el gazpacho se pone rosado y queda terso en lugar de aguado. Se sirve muy frío.